No quiero comer más, quiero ser anoréxica.
Éso es (probablemente) lo más tonto escrito. No, no quiero ser anoréxica, quiero ser más flaca; ¡FLAQUÍSIMA! Me pondré a dieta extrema, no quiero comer y sí, prefiero desmayarme o tirarme en una banca o beber agua y no comer. Toda una semana así y bajo unos kilos (hablo como una loca con desórdenes alimenticios).
A veces no como porque no quiero, me repugna la comida y en ocasiones la deseo. A veces no como por ansiedad, por tristeza, por pataletas, por llorar, por gritar... Pero ahora quiero ser flaca, flaca, flaca, flaca. No me basta con que 4 personas me llamen flaca, quiero ser FLACA.
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